Había
una vez un planeta llamado Tierra, era un planeta feliz tenía muchos
amigos a su alrededor pero había una en la que confiaba plenamente,
la Nube. La Tierra y la Nube habían sido siempre muy buenas amigas,
no había día en el que no se las viera juntas, hasta que el Sol
hizo acto de presencia, era grande y brillante, eso hizo que la
Tierra se cegara y se enamorara plenamente de él. Cuando se lo contó
a Nube ella le prometió ayudarla, ya que por aquel entonces Nube
mantenía una idílica relación con Ozono. Los días de Sol que la
Tierra recibía eran largos y calurosos, eso hacía feliz a Tierra y
Nube se dedicaba a aparecer únicamente cuando Luna estaba presente
en el cielo para no interrumpir a la pareja que Tierra pensaba que se
acabaría formando.